¿Alguien recuerda a los cineastas italianos de antaño: Gualtiero Jacopetti, Paolo Cavara y Franco Prosperi? directores de cine, aunque otros los calificarían más como mercenarios de cámara al hombro, que dieron al mundo trasgresoras películas como Mondo Cane (1962) o Africa addio (1966), entre muchas otras, popularizando la forma más cruda y visceral de rodar un film: el CINE MONDO. Cuya narrativa ocurre in situ, sin filtros, casi todo el tiempo sin edición, capturando los momentos más crudos de la naturaleza humana, desde ejecuciones en vivo, hasta costumbres tan extremas como la antropofagia y otro sin número de extintas bizarradas que para el alivio de todos, hoy solo viven en esos chocantes filmes. Ahora, se podría pensar que el cine Mondo tuvo su mayor auge en los 60 y finales de los 70s, cuando de cierta forma, la bandera fue pasada a los gringos que crearon la sanguinolenta franquicia llamada: Faces of Death (una saga que hace poco contó con un re-boot que vuelve y revive el incómodo subgénero) y con el que nace otro sinónimo o sub-categoría de que se desprenció del MONDO: los Shockumentaries; con una función principal (al igual que los mondos) de propinarle un fuerte impacto directo, asquiento y nauseabundo a la psiquis y tolerancia del espectador, a través de exposición a las imágenes más perturbadoras de la desgracia humana, echando mano de metraje crudo de accidentes de tránsito, metraje policiáco, justicieros callejeros y desventuras varias de la bajeza más terrestre.
Aquellas películas eran solo explotación, y nada más. Poca artisticidad o denuncia alguna, porque más allá de entretener, el cine tiene un papel indirecto o directo de contextualizar/denunciar hechos o situaciones tomadas de la sociedad en la que surge. Pero eso con Orozco el embalsamador (2001), dirigido por el japonés Kiyotaka Tsurisaki, un documental que podemos ubicar dentro del subgénero de los Shockumentaries, pero, que va más allá del simple amarillismo; ya que Tsurisaki se distancia del cine mondo, al presentar con un singular mutismo y tomando la postura de un espectador más; documenta como Orozco estetiza los vejámenes dejados por la indolente y cotidiana muerte, dándole dignidad a cuerpos de individuos a los que la violencia les arrebató la vida. El periodista del Tiempo Jaime E. Paz, comentó sobre este filme: "Esta no es solo una producción gore que se basa en la representación de la muerte, sino también intenta ser una crítica a una sociedad ligada al morbo en la que se normaliza un ambiente bélico derivado por la guerra contra el narcotráfico, las guerrillas, pero sobre todo, los grupos paramilitares que se tomaron los puntos urbanos más decadentes de la época."
En palabras del mismo Kiyotaka: "Creo que el embalsamador en El Cartucho simboliza la violencia y la muerte en Colombia, especialmente la presencia de Orozco es el símbolo de la historia colombiana contemporánea de violencia o la esencia de la violencia en sí misma". Debemos reconocer que Orozco no es una obra para cualquier público, pues su crudeza visual y su estilo pueden resultar demasiado intensos o incluso perturbadores para quienes no están familiarizados con el cine extremo o los shockumentaries. Pero más allá de eso, lo relevante de esta obra, aún hoy poco conocida y que de hecho está disponible en Amazon Prime, es que no busca ser agradable ni fácil de ver, sino mostrar sin adornos una parte dura de la realidad colombiana, convirtiéndose en un registro incómodo pero valioso sobre la muerte y la marginalidad urbana.
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| Foto de Kiyotaka Tsurisaki |
Kiyotaka Tsurisaki conocido como "el fotógrafo de la muerte" ya que no es coincidencia que haya documentado y fotografiado más de 1000 occisos en sus diferentes estadías en países en los que la violencia, guerras civiles y abandono estatal, han sido un común denominador. Pasando por Tailandia, México, Rusia, Palestina, Ucrania, hasta llegar a las calles del cartucho de nuestra Colombia, durante la década de los 90s, era posterior a la neutralización de Pablo Escobar y heredera de un recrudecimiento de la violencia entre los carteles que se intensificó como la espuma de un dom perignon color sangre. Poco o nada se conoce de la vida o muerte de Orozco, aparte de que fue un oficial retirado del ejército que por más de 40 años, coloquialmente "arregló" poco más de 50 mil cadáveres, utilizando medios limitados y a veces no diseñados para diseccionar o rellenar un cadáver, yendo desde cuchillos de cocina, hasta maquillaje de película de bajo presupuesto, todo para tratar de apasiguar y disimular la mano fatal de la muerte. Cuentan que falleció en el '98 a causa de una hernia producida por cargar los cadáveres con una correa, dándoles una última oportunidad, incluso a cuerpos de N.N.s que muchas veces nadie reclama o quiere reclamar. Espere próximamente una entrevista con el mismo Kiyotaka Tsurisaki, cineasta que se ha mantenido al margen de los medios de comunicación y sobre el que se conoce poco más aparte de sus documentales o trasgresoras fotografías retratando las distintas caras de la madre muerte. Para BN Fanzine ha sido más que un honor. STAY TUNE...



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