Parpadea uno y sin darse cuenta estamos en un nuevo trend. Ahora, se trata de pedirle al CHAT YI PI Tí, que nos cree fotografías con estética de los años 80 x medio de inteligencia artificial. Y naturalmente, la IA hace lo suyo y nos exhibe su poder tecnológico para transformar la nostalgia en una nueva experiencia creativa y digital. Sin embargo, y volviendo casi que con lo misma crítica contra estos trends, es que detrás de una imagen aparentemente sencilla existe una infraestructura material que pocas veces es visible: centros de datos, servidores, consumo energético y sistemas de refrigeración que requieren recursos naturales para funcionar. Algunas estimaciones académicas han señalado que la generación de imágenes mediante IA puede estar asociada con un consumo indirecto de agua, relacionado principalmente con el enfriamiento de los centros de datos y la producción de energía. Estas cifras pueden variar dependiendo del modelo utilizado, la ubicación geográfica de los servidores y la eficiencia tecnológica; por ello, más que pensar en una cantidad exacta por imagen, es necesario comprender la dimensión ambiental del proceso. Desde la perspectiva de Bruno Latour y colocándonos un poco ñoños para analizar esto desde una postura académica; en su teoría del Actor-Red, la inteligencia artificial no debe entenderse como una herramienta aislada o inmaterial, sino como una red donde interactúan usuarios, algoritmos, máquinas, energía, agua y territorios. Una fotografía creada por IA no surge únicamente de una instrucción humana, sino de una compleja relación entre elementos tecnológicos y naturales. Por ende, parte del desafío actual consiste en aprovechar las posibilidades creativas de la inteligencia artificial sin caer en una visión ingenua de lo digital como algo completamente limpio o invisible. La innovación tecnológica requiere también una conciencia ambiental y ética sobre los recursos que la hacen posible.
Como posible reflexión, todo contamina y por tanto, es no solo imperativo incorporar usos más idóneos frente a estas tecnologías, sino, velar porque se encuentren otras maneras de alimentar o consumir recursos con el menor impacto nocivo posible para el ambiente. Los humanos somos parásitos, nos guste o no. En fin, se me ocurrió buscar algunas fotos mías reales de los 80s (las pocas que me quedaron, porque los otros álbumes se perdieron cuando mi abuela materna falleció), cuando era un simple crío, y me topé con otros cachivaches como mis viejos cuadernos de poesía que datan más o menos desde el 97 al 99, escrito a mano con mi horrorosa letra cursiva, algunos les hacía dibujitos, porque siempre quise aprender a dibujar y no lo logré, jajajajja, igual poco importa. He tenido ganas de editar un libro con esos poemas, para el recuerdo, no sé si tengan algún mérito artístico o poético, eso se lo dejo a los futuros lectores, lo que sí sé es que yo tenía como 16 años no más y siempre me ha encantado escribir. Finalmente termino el POST con la imagen de un sobrecito de una carta que me enviaron desde Estonia en 2010, cuando un coleccionista de DARKTHRONE me contactó para que le vendiera uno de mis fanzines en donde publiqué la 1ra de 2 entrevista que hizo con el músico noruego FENRIZ.
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