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miércoles, 28 de octubre de 2026

Desde la trinchera de papel NECRODEATH ZINE#1 - Antes del internet, después del ruido



Desde la trinchera del papel, revivimos NECRODEATH ZINE #1. Todo apunta a que la publicación nació a comienzos de los años noventa, tomando como referencia el lanzamiento de su primer número en 1991. Después vendrían otras ocho ediciones, hasta llegar al número final, publicado en 2004. Precisamente, hace poco adquirí un lote de fanzines que incluía los nueve números de Necrodeath, la publicación manizalita dedicada al metal extremo. En sus inicios, el proyecto estuvo vinculado a Camilo "Ctesias" Sánchez (LITURGIA), Alex Sánchez y Alex Barrera.



Un detalle llamativo es que, al menos en las primeras entregas, las portadas estuvieron protagonizadas mayoritariamente por imágenes de construcciones religiosas e históricas: basílicas, catedrales y otros monumentos arquitectónicos. Entre ellas encontramos la basílica de San Pedro, en Italia; la Catedral de Manizales; el Partenón griego y, finalmente, la iglesia de Nuestra Señora de Týn, en Praga, República Checa, que aparece en el número 6. Para las tres últimas entregas, la arquitectura cedió su lugar a la tradicional fotografía de una banda en portada. ¿Una decisión para captar más lectores o darle a la publicación una apariencia más comercial? Es posible, aunque por ahora queda en el terreno de la especulación.



Mi intención es ir revisando y reseñando estos ejemplares poco a poco. Por ahora, regresemos a 1991, cuando se produjo el primer asalto. El debut apareció en formato carta, con 22 páginas impresas en XEROX, que es casi lo mismo que decir fotocopias, una solución habitual y, para muchos proyectos autogestionados, prácticamente inevitable en aquellos tiempos. Sin duda la impresión litográfica habría sido una alternativa, pero sus costos la hacían poco viable para una publicación financiada con recursos propios. No en vano, los agradecimientos cierran con una frase que resume perfectamente la realidad económica de esta clase de aventuras editoriales: “EL PRECIO DE ESTE ZINE ES DEBIDO AL PRECIO DE LAS FOTOCOPIAS”.

Para tratarse de una primera entrega, el contenido está bastante bien resuelto y se concentra principalmente en entrevistas con bandas nacionales. En números posteriores, el proyecto iría ampliando sus horizontes editoriales y las bandas de otras latitudes comenzarían a ocupar las páginas de esta pequeña institución de la necro-muerte colombiana.



En este primer número encontramos entrevistas con DEGRADETH, una banda que tuvo una actividad importante en su momento; INQUISITION, en la época de su EP Anxious Death, antes de establecerse en Estados Unidos; NEBIROS, HOLOCAUSTO y ATARAXIA, esta última vinculada a la trayectoria de Afar, exintegrante de Liturgia. También aparece MASACRE, que para entonces ya había puesto en circulación sus demos clásicos y el EP Ola de violencia, publicado el 11 de marzo de 1991.




La ausencia de Requiem en el panorama descrito por este ejemplar resulta especialmente interesante. Si tomamos como referencia el lanzamiento del álbum el 1ro de octubre de 1991, fecha atribuida a su publicación por el sello francés Osmose Productions, podríamos situar la circulación de Necrodeath Zine #1 entre abril y septiembre de ese año. Es una línea de tiempo nos permite contrastar con otros detalles del contenido para tratar de acercarnos un poco más a la posible fecha de publicación del fanzine.

La mayoría de las bandas incluidas procedían, naturalmente, de Medellín, capital de la montaña y epicentro de una escena pionera, poderosa y caracterizada por una extraordinaria capacidad de autogestión. El metal medallo no habría sido el mismo sin ese ecosistema de músicos, editores, distribuidores y fanáticos que, ante la indiferencia de los grandes medios, construyeron sus propios canales de comunicación y circulación. Una maquinaria artesanal, diversa y rica, que convirtió la precariedad material en una forma de resistencia e independencia.



Pero también debemos destacar la presencia de BASTARD, banda bogotana de death metal que representa otra cara de la historia. Tal vez la escena capitalina no tuvo la misma dimensión que el Ultra Metal medellinense, pero estuvo ahí y dejó sus propios rastros. Bastard contaba con Alejandro Negrete, vinculado a la edición de Profanator Zine, otro ejemplo de cómo las bandas y las publicaciones independientes se entrelazaban en una red de apoyo mutuo.

Precisamente, una de las cosas que más disfruto al redescubrir estos viejos fanzines es la memorabilia que sobrevive entre sus páginas: volantes promocionales de conciertos, anuncios de bandas, invitaciones a otros proyectos editoriales y pequeñas huellas de una comunidad que se sostenía compartiendo papel, tinta, P.O. Box y mucho entusiasmo. En este ejemplar aparecen referencias a otras publicaciones colombianas que merecen mencionarse para el registro: Sepulcros y Ruinas Morbid Zine (parecido a la canción Sepulcros en Ruinas), de Medellín; Excretion Zine, de Bogotá; y una auténtica sorpresa para mí: Hate Zine, de Pereira.








El volante de este último incluye el nombre de Guillermo Montoya. Conocí hace años a un metalero de Pereira llamado Guillermo, pero no tengo elementos para afirmar que se trate de la misma persona. Si el Guillermo de Hate Zine está leyendo estas líneas, sería estupendo que se pusiera en contacto conmigo. Me encantaría conocer más sobre aquella publicación y reconstruir un fragmento de esa historia local que todavía permanece dispersa entre recuerdos y papeles archivados.

Supongo que muchas publicaciones como Necrodeath Zine han desaparecido por completo. Algunas se perdieron en las mudanzas, otras sucumbieron al comején, al polvo, a la humedad, a las goteras y hasta a los terremotos. También está el desinterés de quienes no conservaron estos pequeños tesoros de papel, quizá sin imaginar que, décadas después, alguien intentaría reconstruir con ellos una parte de nuestra historia cultural.

Porque estos fanzines son mucho más que fotocopias amarillentas, grapas oxidadas y portadas desgastadas. Son pequeñas cápsulas de memoria que producto de horas de trabajo, sacrificios económicos y la pasión de editores comprometidos con dejar constancia de bandas que, en algunos casos, tuvieron una existencia tan intensa como breve.

De ahí la importancia de conservar estas publicaciones, pero también de hablar de ellas, reseñarlas, compartirlas y devolverlas a la circulación. No basta con que sobrevivan en una caja, en una biblioteca personal o en el fondo de un armario. Necesitamos volver a abrirlas y contar las historias que todavía guardan.