viernes, 19 de junio de 2026

Kiyotaka Tsurisaki y la belleza de lo insoportable - Entrevista




Hablar de Kiyotaka Tsurisaki es adentrarse en uno de los territorios más incómodos y fascinantes del cine documental contemporáneo. Fotógrafo, cineasta y cronista de los márgenes, su obra ha estado marcada por una obsesión constante con la muerte, la violencia y aquellos espacios donde la sociedad prefiere no mirar. Pero, reducir su trabajo al mero impacto visual sería un error. Detrás de las imágenes extremas existe una búsqueda estética y humana que intenta comprender la fragilidad de la existencia a través de sus manifestaciones más brutales.

Su película más conocida, Orozco el Embalsamador (2001), lo llevó a las entrañas de El Cartucho, uno de los sectores más peligrosos de la Bogotá de los años noventa, donde documentó la rutina de Froilán Orozco, un embalsamador que dedicó décadas a preparar los cuerpos de víctimas de la pobreza, la exclusión y la violencia. Lejos del sensacionalismo, la película se convirtió en un retrato crudo de una Colombia marcada por la muerte cotidiana y, al mismo tiempo, en una reflexión profundamente humana sobre la dignidad de los olvidados.

En esta entrevista, Tsurisaki reflexiona un poco sobre su paso por Colombia, su filosofía artística y los posibles "límites éticos" de representar la muerte en imágenes. 


Su trabajo aborda constantemente la muerte, la violencia y las dimensiones más duras de la existencia humana. ¿Cómo articularías tu enfoque conceptual sobre la muerte y qué motiva tu insistencia en representarla sin mediaciones estéticas o morales?

La realidad es hermosa. La realidad es mágica.

Orozco el Embalsamador es ampliamente considerada una de sus obras más significativas. Desde una perspectiva metodológica y emocional, ¿cómo describirías la experiencia de producir ese documental?

Orozco era un hombre hermoso. Era un santo anónimo de la calle. Me siento muy orgulloso de haber estado con él.

¿Cuánto tiempo residiste en Colombia y qué factores te llevaron a elegir el país como escenario para tu trabajo documental?

La violencia extrema. El realismo mágico.

Froilán Orozco foto de Kiyotaka Tsurisaki

El Cartucho en Bogotá se ha convertido en un símbolo de marginalidad urbana y violencia. ¿Qué recuerdos conservas de ese lugar y cómo influyó en tu comprensión de la exclusión social?

Todo allí era fantástico. El Cartucho estaba excluido; era otro mundo.

Además de Bogotá, ¿qué otras ciudades o regiones de Colombia visitaste y cómo contribuyeron esas experiencias a tu percepción general del país?

Medellín, Cali, Cartagena, Urabá, Cesar, Meta y Amazonas. Colombia es un país hermoso. Literalmente, Colombia mejoró mi sentido estético.

¿Considerarías regresar a Colombia para producir otro documental en la actualidad? De ser así, ¿qué temas o realidades crees que siguen insuficientemente documentados?

Si regreso a Colombia para filmar, me gustaría hacer una película de ficción.

Assassination / Bogota, Colombia 1995 foto de Kiyotaka Tsurisaki


Entre los países que has visitado, ¿cuál identificarías como el más extremo o violento culturalmente?

La Colombia de antes. La violencia continuó.

¿Percibes algún paralelismo cultural entre Colombia y Japón, particularmente en relación con las actitudes hacia la muerte, la violencia o el trauma colectivo?

Japón parece un país totalmente distinto a Colombia, pero en realidad es uno de los países más tolerantes con la cultura del gore.

Alex Okendo (Masacre) - Bogota, Colombia 1996 foto de Kiyotaka Tsurisaki


Tu película The Wasteland presenta una visión global de la destrucción moldeada por la guerra, la religión y otras fuerzas que contribuyen a la degradación del planeta. ¿Cómo amplió o redefinió este proyecto tu comprensión de la violencia a escala planetaria?

The Wasteland” es mi testimonio de la belleza en el sendero de la muerte a través del mundo violento durante la década que transcurrió entre el 11-S y el 11-M.

¿Cuál ha sido la situación más extrema o perturbadora que has documentado hasta la fecha? ¿Hubo algún momento en que te sentiste ética o psicológicamente obligado a dejar de filmar?

En mis primeros años me ofrecieron realizar una película snuff. Como artista, aquello me desgarró profundamente. Finalmente decidí no hacerla. Le doy gracias a Dios por ello.

Tu trabajo ha sido comparado frecuentemente con la tradición de los documentales italianos mondo, aunque mantiene una identidad propia. ¿Cómo definirías tu metodología documental o fotográfica y en qué se diferencia de esos precedentes?

Recibí una enorme influencia de los shockumentales italianos y les tengo un profundo respeto. De hecho, concebí Orozco el Embalsamador como el último shockumental latino del siglo XX (la primera edición de la película fue terminada en 1999). Me considero un hijo de Jacopetti, por lo que no debo ser un periodista, sino un artista, y debo perseguir la sinceridad con aún mayor determinación.

Bone Cleaning Ritual - Samut Sakhon, Thailand 2004 foto de Kiyotaka Tsurisaki


¿Qué artistas, cineastas o autores han influido significativamente en tu trabajo? ¿Conoces la obra del fotógrafo Joel-Peter Witkin y cómo la sitúas en relación con la tuya?

Entre los cineastas, Pier Paolo Pasolini y Yasujiro Ozu, aunque el detonante que me llevó al cine fue Jaws (Tiburón). Entre los escritores, Gabriel García Márquez y Yukio Mishima. Por supuesto, Joel-Peter Witkin también tuvo una gran influencia en mí. No podría imitarlo, ni debería hacerlo. Él es frío, sólido y magnífico.

Tu trabajo ha sido objeto de críticas debido a la representación explícita de cuerpos reales y violencia. ¿Cómo respondes a esas críticas y cómo defines los límites éticos de tu práctica documental?

La libertad de expresión es sagrada. Mi forma de expresión consiste en darle un nombre a los cuerpos sin nombre que yacen en la calle. 

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lunes, 15 de junio de 2026

Orozco el embalsamador (2001) Kiyotaka Tsurisaki

 




¿Alguien recuerda a los cineastas italianos de antaño: Gualtiero Jacopetti, Paolo Cavara y Franco Prosperi? directores de cine, aunque otros los calificarían más como mercenarios de cámara al hombro, que dieron al mundo trasgresoras películas como Mondo Cane (1962) o Africa addio (1966), entre muchas otras, popularizando la forma más cruda y visceral de rodar un film: el CINE MONDO. Cuya narrativa ocurre in situ, sin filtros, casi todo el tiempo sin edición, capturando los momentos más crudos de la naturaleza humana, desde ejecuciones en vivo, hasta costumbres tan extremas como la antropofagia y otro sin número de extintas bizarradas que para el alivio de todos, hoy solo viven en esos chocantes filmes. Ahora, se podría pensar que el cine Mondo tuvo su mayor auge en los 60 y finales de los 70s, cuando de cierta forma, la bandera fue pasada a los gringos que crearon la sanguinolenta franquicia llamada: Faces of Death (una saga que hace poco contó con un re-boot que vuelve y revive el incómodo subgénero) y con el que nace otro sinónimo o sub-categoría que se desprenció del MONDO: los Shockumentaries; con una función principal (al igual que los mondos) de propinarle un fuerte impacto directo, asquiento y nauseabundo a la psiquis y tolerancia del espectador, a través de exposición a las imágenes más perturbadoras de la desgracia humana, echando mano de metraje crudo de accidentes de tránsito, metraje policiáco, justicieros callejeros y desventuras varias de la bajeza más terrestre.





Aquellas películas eran solo explotación, y nada más. Poca artisticidad o denuncia alguna, porque más allá de entretener, el cine tiene un papel indirecto o directo de contextualizar/denunciar hechos o situaciones tomadas de la sociedad en la que surge. Por eso con Orozco el embalsamador (2001), dirigido por el japonés Kiyotaka Tsurisaki, un documental que podemos ubicar dentro del subgénero de los Shockumentaries, pero, que va más allá del simple amarillismo; ya que Tsurisaki se distancia del cine mondo, al presentar con un singular mutismo y tomando la postura de un espectador más; documenta como Orozco estetiza los vejámenes dejados por la indolente y cotidiana muerte, dándole dignidad a cuerpos de individuos a los que la violencia les arrebató la vida. El periodista del Tiempo Jaime E. Paz, comentó sobre este filme: "Esta no es solo una producción gore que se basa en la representación de la muerte, sino también intenta ser una crítica a una sociedad ligada al morbo en la que se normaliza un ambiente bélico derivado por la guerra contra el narcotráfico, las guerrillas, pero sobre todo, los grupos paramilitares que se tomaron los puntos urbanos más decadentes de la época." 


 


El protagonista, Froilán Orozco, dueño de la funeraria "El divino rostro", aparece como una figura serena y casi indiferente ante la constante presencia de cadáveres que no paran de llegar a su sala de "embellecimiento" post-mortem. Como se dijo anteriormente, su trabajo se desarrolla en El Cartucho, una de las zonas más conflictivas y abandonadas socialmente de la ciudad en los años noventa. Con una cifra tan escandalosa como escalofriante de más de 25 mil muertes violentas por año, derivadas principalmente de sicariato relacionado al narcotráfico, flagelo en el que siempre los que ponen los muertos son la población civil de zonas marginales como las calles del cartucho. El documental no introduce música emocional ni filtros estéticos; la cámara simplemente observa, generando una sensación de frialdad que intensifica el impacto de lo que se muestra. Lo más llamativo no es solo el contenido gráfico, sino la naturalidad con la que Orozco habla y trabaja. Esta normalización de la muerte genera una incomodidad profunda en el espectador, obligándolo a confrontar una realidad que normalmente permanece oculta. Más que horror, la experiencia produce reflexión sobre la desigualdad, la violencia urbana y la fragilidad de la vida humana.

 

En palabras del mismo Kiyotaka: "Creo que el embalsamador en El Cartucho simboliza la violencia y la muerte en Colombia, especialmente la presencia de Orozco es el símbolo de la historia colombiana contemporánea de violencia o la esencia de la violencia en sí misma". Debemos reconocer que Orozco no es una obra para cualquier público, pues su crudeza visual y su estilo pueden resultar demasiado intensos o incluso perturbadores para quienes no están familiarizados con el cine extremo o los shockumentaries. Pero más allá de eso, lo relevante de esta obra, aún hoy poco conocida y que de hecho está disponible en Amazon Prime, es que no busca ser agradable ni fácil de ver, sino mostrar sin adornos una parte dura de la realidad colombiana, convirtiéndose en un registro incómodo pero valioso sobre la muerte y la marginalidad urbana. 

Foto de Kiyotaka Tsurisaki


Kiyotaka Tsurisaki conocido como "el fotógrafo de la muerte" ya que no es coincidencia que haya documentado y fotografiado más de 1000 occisos en sus diferentes estadías en países en los que la violencia, guerras civiles y abandono estatal, han sido un común denominador. Pasando por Tailandia, México, Rusia, Palestina, Ucrania, hasta llegar a las calles del cartucho de nuestra Colombia, durante la década de los 90s, era posterior a la neutralización de Pablo Escobar y heredera de un recrudecimiento de la violencia entre los carteles que se intensificó como la espuma de un dom perignon color sangre.  Poco o nada se conoce de la vida o muerte de Orozco, aparte de que fue un oficial retirado del ejército que por más de 40 años, coloquialmente "arregló" poco más de 50 mil cadáveres, utilizando medios limitados y a veces no diseñados para diseccionar o rellenar un cadáver, yendo desde cuchillos de cocina, hasta maquillaje de película de bajo presupuesto, todo para tratar de apasiguar y disimular la mano fatal de la muerte. Cuentan que falleció en el '98 a causa de una hernia producida por cargar los cadáveres con una correa, dándoles una última oportunidad, incluso a cuerpos de N.N.s que muchas veces nadie reclama o quiere reclamar. Espere próximamente una entrevista con el mismo Kiyotaka Tsurisaki, cineasta que se ha mantenido al margen de los medios de comunicación y sobre el que se conoce poco más aparte de sus documentales o trasgresoras fotografías retratando las distintas caras de la madre muerte. Para BN Fanzine ha sido más que un honor. STAY TUNE...